A PROPÓSITO, ¿CUÁNDO ES EL CINCO DE MAYO?

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(Insurgente mexicano ataca a soldado francés, Batalla de Puebla, 5 de mayo de 1862)

La evolución de Cinco de Mayo, de un reconocimiento de menor importancia en México, a una borrachera rampante latina-chicana-estadounidense es un misterio a los que vivimos en México. El 5 de mayo de 1862, un ejército insurgente mexicano venció sorpresiva y rotundamente en la ciudad de Puebla a invasores franceses bien uniformados y equipados. Sin embargo, en 1862 faltaba mucho para que la campaña de los imperialistas mexicanos y europeos para extender el Imperio Napoleónico hasta México fuera derrocada por completo.

Me irrita la emoción excesiva que rodea el Cinco de Mayo, pero a mí me irrita la emoción excesiva en general. Sin embargo, cuando me encontré dando clases de español en un pequeño pueblo tejano, era imposible escaparme del alboroto de Cinco de Mayo. En el colegio, se permitían festejos en el aula en determinadas fechas con fines didácticos y culturales. “A propósito, ¿cuándo es el Cinco de Mayo?” me preguntó el director, cuyos talentos radicaban más bien en las matemáticas que en lenguas y culturas extranjeras.

Los alumnos de preparatoria no perdonarán nunca a la profesora que pasa por alto una oportunidad para traer comida al salón, así que yo, a regañadientes, planeaba una fiesta para celebrar el Cinco de Mayo en honor a taquitos y Coca-Cola. En el closet, mi antecesor había dejado papel cortado en rojo, verde, y blanco, unas banderas mexicanas, y unos serapes y sombreros cuyos días de gloria habían pasado ya hace mucho tiempo. Desempolvé todo y puse a los alumnos a decorar el aula para justificar una pequeña fiesta en horas cuando, de manera contraria, hubiera sido prohibida.

Mucho antes de aceptar dicha asignatura docente, yo había vivido en México, donde el Cinco de Mayo no es un día de fiesta oficial. Los profesores de historia mencionaban la Batalla de Puebla en sus clases, en televisión se proyectaban documentales anticuados, y los periódicos sacaban uno o dos comentarios editoriales de sus archivos. En la Ciudad de Puebla, sitio de la batalla, hay conmemoraciones modestas. De vez en cuando, el Día del Trabajo, primero de mayo, que sí es un día feriado oficial, se juntaba con un fin de semana y el Cinco de Mayo de modo que daba pretexto para un puente, siempre recibido con regocijo por profesores y alumnos quienes en mayo luchan para sobrevivir el final del año escolar. Tal es la emoción en México para el Cinco de Mayo.

Determinada que los alumnos cuando menos comprenderían que el Cinco de Mayo NO es el Dia de la Independencia de México, yo buscaba la única herramienta docente a la cual prestarían atención durante una fiesta: una película. Encontré una que era entretenida e informativa, cuando menos para mi y algunos adolescentes aficionados de la historia mundial. En Juárez, lanzada en 1939, Bette Davis, estrella icónica con ojos enormes de los primeros días de la industria cinematográfica, destacaba en el papel de la hermosa Carlota de Bélgica, también de ojos enormes pero de triste porvenir, quien junto a su igualmente desventurado archiduque de Hapsburgo, Maximiliano de Austria, ocupaba el trono imperial en el Castillo de Chapultepec desde 1864 hasta 1867, cuando el Presidente Benito Juárez, finalmente victorioso, trasladó el sede de su gobierno desde su carroza al Palacio de Gobierno en la ciudad de México, y ordenó la abdicación del Emperador. Cuando Maximiliano rehusó por cuestion de honor, Juárez lo mandó a fusilar junto con Miramón y Mejía, sus fieles generales imperialistas.

El caso es que la victoria sorprendente en Puebla el 5 de mayo de 1862 había sido tan amarga como dulce. Los franceses y los imperialistas redoblaron sus esfuerzos, empeñándose aún más en prevalecer en el continente americano. La película detalla más o menos fielmente la lucha de México para mantener su independencia, y los hechos de Benito Juárez, celebrado como heroe de aquella lucha. Juárez era un gran admirador de Abraham Lincoln, un detalle que no ignoraron los cineastas.

Como estudiante del español en la secundaria, me había fascinado una ilustración en el libro de texto de Carlota luciendo un vestido de muchos olanes y una diadema que relucía en su hermosa cabellera. México, a solo un día de viaje de mi pueblo en Texas, ¡había sido gobernado por unos verdaderos Emperadores quienes vivían en un verdadero castillo, el de Chapultepec! Pasarían muchos anos para que yo me diera cuenta que esa noticia no era nada buena.

“Mamá, ¿qué onda con eso del Cinco de Mayo?” me preguntaban mis hijos poco después de trasladarnos a Texas desde Guadalajara. “La profesora de español quiere que les expliquemos a sus clases como celebrábamos esa fiesta asombrosa en Mexico.”

“Díganles,” les dije, “que la celebrábamos más o menos como se celebra aquí la Batalla de Gettysburg.”

Mexicanos en todo el mundo fuera de Mexico ahora celebran el Cinco de Mayo, en compañía de no-mexicanos quienes buscan una excusa para beber tequila y comer guacamole. Conmemoran una batalla mexicana, mientras que en México la gente hace lo que hace en cualquier día común y corriente.

Lectura sugerida: Abraham Lincoln and Mexico por Michael Hogan

Un corto antiguo de la película Juárez

Un documental excelente sobre los Emperadores de Mexico y los 60 años de locura de Carlota

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